Crónicas de un Alcohólico: Historia Real por Rodolfo Vargas Abarca

March 29, 2020

Crónicas de un Alcohólico: Historia Real por Rodolfo Vargas Abarca
Titulo del libro : Crónicas de un Alcohólico: Historia Real
Fecha de lanzamiento : December 25, 2018
Autor : Rodolfo Vargas Abarca
Número de páginas : 99
Editor : Bisner y Zúñiga Internacional

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Rodolfo Vargas Abarca con Crónicas de un Alcohólico: Historia Real

Todavía tengo en mi retina y en mi memoria, la imagen de aquel abogado alto de estatura, de impecables trajes sastre, quien tenía su oficina en el corazón de la Capital, San José, a unos 100 metros al sur y 25 al Este de la Catedral Metropolitana. Nunca me interesé por saber su nombre, pero era un hombre que bien iba camino a los 70 años, con su pelo totalmente blanco por el paso del tiempo y que pasaba todos los días a la barbería Venus, donde me cortaban el cabello por aquellas épocas. Yo me quedaba un tiempo más conversando con el dueño de la peluquería y escuchando las conversaciones de los clientes que llegaban a diario. Me decía a mí mismo que toda la ciudad pasaba por aquellos asientos y era una especie de “cátedra” callejera, si el concepto es válido, en la que yo aprendía y me enteraba de todo lo que sucedía en las avenidas y oficinas de aquel San José de mediados de los años 80.

¡Pues bien! Este caballero, licenciado en Derecho del que les narro, se cortaba el pelo también en la célebre Venus y por eso pasaba siempre, ya fuese en la mañana o en la tarde, a saludar a los “fígaros”, quienes además eran sus vecinos en la misma acera. Su edad, su trajinar por la vida nos hacía ver que se trataba de un profesional de la abogacía extraordinariamente curtido en esas lides y sapientísimo en todo lo que se refería a los juzgados, jueces, letrados, fiscales, acusados, testigos y toda esa “fauna” que suele darse cita en el durísimo mundo de las querellas y problemas legales. No había duda, el personaje al que me refiero aquí, aunque anónimo, era un individuo elegante sin mucho miramiento.

Pero un domingo, a pocas cuadras del templo de la Dolorosa, siempre al sur de la Capital, vi a un “larguirucho” tirado en el suelo, en la mismísima acera, y en posición fetal. Era un hombre mayor, de pelo blanco y envuelto en un elegante traje sastre, quizás roto por la caída y los avatares de la noche anterior. Era nada menos que el abogado al que hago referencia en las líneas de arriba. Había amanecido en el duro cemento, muy cerca del Cuerpo de Bomberos de la ciudad, después de una ingesta alcohólica en alguna de las muchas cantinas y bares que se posesionaban estratégicamente alrededor de las oficinas, tiendas y bufetes de la zona.

Desgraciadamente aquel jurisconsulto padecía de la enfermedad del alcoholismo y de manera crónica. Y ahí estaba tirado, cual miserable despojo, vestido con su elegante traje cortado por un diestro sastre y de la mejor sastrería de San José.
Y recordé a mi padre quien, siendo yo muy niño, me explicó: “Los tres estados del alcohólico son: al principio de la embriaguez se comporta feroz, valiente, igual que un león; luego, a medida que avanza su ebriedad, se hace el chistoso, el agradable, como un mono; y finalmente, cuando pierde el autocontrol… cae al suelo semejante a un cerdo.”

El maestro Tite Vargas nos desmenuza a lo largo de este libro esos tres estados a los que se refirió mi padre, para enseñarme lo nefasto que puede llegar a ser el alcoholismo; pero lo importante aquí es apreciar el mensaje implícito en cada línea escrita por él y recordar que sin Dios no somos nada y que la fe, la firme determinación, la decisión y los deseos de vivir… son los ejes o las claves que nos da este autor para vencer al aborrecible licor y sus graves efectos.
Yo leí este libro palabra por palabra, hice su revisión filológica y clarifiqué varios párrafos y su mensaje y quedé complacido.

Es una obra dura, un testimonio de lucha y de triunfo, sobre un enemigo que es de los más poderosos que hay y que atenta contra las vidas humanas… el alcoholismo.
En sus manos queda esta confesión de fe y de experiencia desgarradora.

Prof. José Angel Lagos-Jiménez.
Periodista – Filólogo